He dejado pasar la oportunidad de capturar esa langosta, tuve la ocasión y no lo hice. Esto me ha recordado las veces que dejé pasar la oportunidad de pedir perdón. El perdón es la acción más humillante pero a la vez, la que más felicidad puede aportar a una persona.
El perdón tiene su momento, si lo dejas pasar todo se complica. Hay una temperatura para el perdón; luego se enfría.
A veces es el miedo, otras el orgullo pero casi siempre es la falta de costumbre lo que evita el enfrentamiento. Como decir lo siento, como explicar que yo no quería y sobre todo como hacer eso de corazón.
Dejar pasar el perdón en cargar nuestra vida de un peso que la complica, dejar pasar el perdón es empequeñecer mi existencia, es consumir mi autoestima, es esconderme de mi realidad.
Pasarán otras langostas pero puede que esa en concreto, no lo vuelva hacer .
No quiero dejar pasar el momento para decirte perdóname. Perdóname por estar aquí, por estar lejos de ti y sobre todo por no saber si alguna vez tus oídos volverán a escuchar mi voz.

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