Esta mañana me he sentado, como muchas otras, en una roca cerca de la orilla, me dedico a mirar, simplemente mirar, sin esperar ser correspondido, sin esperar ver más de lo que veo, es absurdo pero me distrae.
Entre las rocas viven pequeños cangrejos, se mueven a una velocidad vertiginosa. La manera en la que se han repartido la roca me recuerda a un bloque de vecinos, unos arriba, otros abajo, los de arriba tiran cosas, los de abajo las recogen. En medio de todo este espectáculo unos de esos cangrejos ha resbalado y se ha caído, el pobre ha intentado agarrarse pero era inevitable, el golpe en el suelo no ha sido grave, al momento me he dado cuenta de que me estaba riendo, lo peor es que he buscado a mi lado a alguien con quien compartirla y al no encontrar a nadie ha desaparecido.
Hay dos cosas que me han hecho pensar mucho, la primera es que no recordaba el tiempo que hacía que no reía, la risa es buena, mis mejores recuerdos están bañados por la risa.
La segunda es que no tiene sentido si no es compartida, la risa está creada para vincularnos los unos a los otros, la risa derriba barreras, levanta puentes y sella uniones.
Llorar con alguien es más fácil que reír, mis mejores amigos son con los que puedo compartir mi risa, cuando rio soy yo mismo.
Hoy me he reído solo, es una sensación extraña, lo echaba de menos.

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