
Hoy pescando he perdido dos peces, creo que después de tres meses sigo siendo un completo desastre en todo lo referente a la pesca.
En casa siempre lo odié, no lo soportaba, su simple olor me erizaba la piel y su sabor me daba escalofríos. Hoy mataría por un pez, aunque fuese del tamaño de un boquerón.
Es curioso el sentimiento del odio, es aplicable al pescado ( en mi caso), a la ropa, a un olor y a las personas. Odiar a una persona es un sentimiento muy embarazoso.
Siempre he pensado que el odio es el hermano pequeño del amor. Llegó después, nunca se conformaba, se alió con el egoísmo y la vanidad. Dedica su vida a disfrutar de las desgracias ajenas, eso es embarazoso, que mi felicidad dependa de tu desgracia, que para poder sonreír tengo que verte llorar, que para levantarme debes caer...me da miedo pensar en eso.
Creo que el odio me ha visitado algunas veces, jamás le he dejado arraigar en mi, me niego a soportar una losa de tal tamaño.
En la isla es un sentimiento inútil, solo tendría proyección sobre mi mismo y eso no va a pasar. El hermano mayor, el amor, me dijo al aparecer aquí, que seguiría a mi lado, que no me iba a abandonar, me siento amado.
El viento me acaricia, el sol me calienta, los árboles me dan cobijo, la mar su porción de alimento y mi mente me recuerda que me amas, que me aman y que yo os amo.
Hoy he dejado de odiar el pescado,,,,,,,,,
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